Al arte no hay que traducirlo

Juan David está en su taller, de fondo no suena nada, pero si hubiera música tal vez sería un pasillo, o quizá un bambuco, o por qué no la última canción de Hip Hop. “Me gusta la música”, dice cuando le pregunto. “Toda”, vuelve a decir cuando intento saber más.

 

La conversación sucede a través de una pantalla así que solo tengo la visión de su cara, una pared blanca y lo que parece ser el borde de un sofá. “¿Cuándo supiste que eras artista?” digo para empezar, entonces se ríe y me cuenta que esa nunca ha sido su preocupación, que no va detrás de ser llamado artista pues hace arte porque quiere encontrar respuestas a sus propias preguntas, expresar algo, y me cuenta que ese algo podría llamarlo "el arte antes del arte". Entonces le pido que por favor me hable en español. Vuelve a reírse.

 

Entiendo luego que “el arte antes del arte” es la frase que usa para referirse al arte precolombino, a lo que hacían las poblaciones de estas tierras antes de que Europa las quisiera como suyas. Entiendo que quiere reivindicar esas expresiones que, por no pertenecer al otro continente, fueron negadas del complejo y exclusivo mundo artístico. Entiendo que su tema no es una lucha, no es un grito herido, es una exploración guiada más por la curiosidad que por cualquier otro asunto.

 

Para construir una de sus columnas, Juan David rebusca entre el trabajo de los artesanos y trae a su taller unas 100 ó 200 piezas. Dice que lo que busca encontrar son “monstruos estéticos”, juegos de elementos europeos y precolombinos, formas que coexisten aún cuando pertenecen a universos diferentes.

 

Me explica que esta colección que expone ahora en La Cámara de Comercio la empezó en 2011 y la terminó en 2013, que para transportar las cerámicas debe tener baúles con espacios creados en material blando y dispuestos uno por uno para cada pieza. Me muestra un baul con ramitas de madera separadas, como dormidas, para que la imagen me quede clara.

 

Levanta luego su celular y me da entrada desde la pantalla al taller que es su casa y que tiene un montón de objetos que conversan entre sí. Abre los closets y donde se apilan piezas guardadas de otras exposiciones, me dice que su casa es más taller que casa y vuelve a reírse mientras cambia de lado la pantalla y se sienta de nuevo en el sofá.

 

“¿Por qué debería alguien ir a ver tu exposición?”, le pregunto para retomar. “Quiero que la gente vaya a sentir, a ver, quiero que vayan para acercarse al arte sin necesidad de explicaciones, porque a este no hay que traducirlo, es un lenguaje por sí mismo” responde. Luego de colgar, sé que acabo de descubrir algo en su última frase: que estaba equivocada, que para entender a Juan David y a su obra, más allá de una llamada debo vivir la experiencia por mi propia cuenta, ponerme los tenis y salir sin afán a recorrer la exposición. Así que eso hago.

 

 

Hashtags

Autor

Sara Betancur

Fecha de publicación

11 de marzo de 2019

Correo electrónico

sarabetancurc@gmail.com

Artículos recomendados

0 Comentarios

Siguenos en redes

Conoce más de #CompásUrbano

Patrocinadores

Aliados